La ONU inauguró ayer en Ginebra (Suiza) la polémica creación del mallorquín Miquel Barceló en la "Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones" de la sede. Una obra tildada de polémica por su materialización y financiación.
La obra fue un encargo de la Fundación ONUART, que le encomendó la decoración de la Sala XX de la Organización en Suiza, y consistía en cubrir los 15.000 m2 del techo de dicha sala, tarea que Barceló ha llevado a cabo junto a un nutrido equipo de 20 personas.
La obra final recrea un mar en movimiento repleto de estalactitas, agujeros y pinturas de color (casi 35.000 kilos) que le ha ocupado a Barceló durante trece meses de tabajo. Los 20 millones de euros que ha costado la decoración se han financiado en un 60% gracias a las aportaciones de entidades privadas (como Repsol, Telefónica, La Caixa o Caja España, por ejemplo) y en un 40% con fondos públicos, casi 8 millones de euros del importe total, de los cuales 500.000 euros se han cogido del Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD).