Lo que debería haber sido noticia por un grandioso espectáculo de fútbol, podría haber abierto hoy todos los informativos del mundo si una sóla de las seis bengalas lanzada por los radicales Boixos Nois, hubiera alcanzado a algún aficionado perico.
Ayer se pudo haber celebrado quizás el último derbi en el Estadio Olímpico de Montjuïc. El RCD Espanyol tiene realmente avanzada la construcción de su nuevo foro deportivo en Cornellá. Los españolistas disfrutarán allí de unas magníficas nuevas instalaciones que deseemos sirvan para controlar la entrada al recinto de personas que ocultan material pirotécnico con la intención de lanzarlo sobre otra gente.
El director general del Espanyol, Pedro Tomás, superado por las circunstacias, comparecía ayer nervioso ante los medios para reclamar a la prensa que "dijera la verdad, por primera vez sobre lo ocurrido en las gradas". La verdad es que fue permitida la entrada a unos criminales a un estadio de fútbol, que hubieran podido causar una desgracia.
Joan Laporta, recriminado en el palco por la actitud de sus aficionados ("¡Laporta, cabrón, esta es tu afición!", le gritaron en el estadio), respondía airadamente -y con razón- que, a esa gente, el FC Barcelona no le había vendido ni una entrada. Laporta no se consideraba responsable. Es más, desde la llegada de Laporta a la presidencia del Barça, los Boixos se la tienen jurada al presidente azulgrana porque tienen impedida la entrada para armarla en el Camp Nou.
Alguien en el club azulgrana, no obstante, debería informar a la plantilla de quiénes son esos que se perpetran tras las banderas culés para lanzar bengalas. No se entiende que, en los dos goles conseguidos del Barça, los jugadores corriesen a celebrarlo con los causantes de interrumpir durante casi nueve minutos el encuentro. Más grave resultó que después, los jugadores abandonasen el estadio saludando a los hooligans que les aclamaban entre policías antidisturbios. Uno por uno, todos se fueron, casi dos horas más tarde saludando con los puños y pulgares. ¿Todos? No, todos, no. Carles Puyol y Josep Guardiola no devolvieron el saludo.