El fenómeno de la inmigración se consolida argumento electoral objeto de discusión. Y no con poco brío. Ayer, el exministro Arias Cañete, haciendo gala de la coña que le caracteriza, refiriéndose a la inmigración dijo cosas como estas:
"No es una mano de obra tan cualificada como aquellos camareros maravillosos que teníamos, que les pedíamos un cortado, un no sé qué, mi tostada con crema, la otra con no sé qué, la mía con manteca colorada, cerdo, y a mí una de boquerones en vinagre, y venían y te lo traían rápidamente con una gran eficacia, ¿no?". Y es que los camarareros de ahora, por lo visto, la mayoría inmigrados, no son como los de antes.
Arias Cañete acusó además a los inmigrantes de colapsar los hospitales. "Los inmigrantes han descubierto la grandeza del sistema nacional de salud. Alguien que para hacerse una mamografía en Ecuador tiene que pagar el salario de nueve meses, llega aquí, a urgencias, y se la hacen en un cuarto de hora". En este punto hay que reconocerle al dirigente popular que es un hecho constatable que los hospitales de las grandes ciudades son muy frecuentados por los inmigrantes.
Zapatero calificó de injustas e intolerables las palabras de Cañete y, en un mitin en Teruel, pidió perdón a los extranjeros por las "ofensas" del dirigente popular y aseguró que al PP "le parece bien que las inmigrantes hagan trabajos duros pero le parece mal que puedan hacerse una mamografía".