Rusia ha probado la efectividad de la bomba de vacío, un arma de gran poder destructivo equivalente a la bomba atómica pero que, en cambio, no genera radiactividad. Esta bomba rusa es cuatro veces más potente que la ideada por los norteamericanos, probada por ellos en 2003.
Las bombas de vacío -o también llamadas termobáricas o de combustión- dispersan en la zona del impacto un combustible pulverizado que, al detonarlo, incinera y desintegra por pulveración todo lo vivo, con el efecto añadido de una enorme onda expansiva supersónica de altísima presión.
La zona que resulta tras la explosión es como una superficie lunar, pero sin emitir radioactividad. Las bombas de vacío son muy efectivas contra búnkers, edificios y cuevas, donde crean una gran presión y altísimas temperaturas.