Se trata de un inmigrante italiano afincado en Londres que, 10 años después de haber muerto su madre, se ha enterado que ésta le dejó una herencia de 2,5 millones de euros.
El ímprobo trabajador, ni corto ni perezoso, ha rechazado de pleno semejante caramelo y ha decidido continuar ejerciendo el siempre noble y abnegado oficio de lavaplatos. El italiano rechaza los millones porque, al parecer, se llevaba muy mal con su mamá, a la escribió por última vez en 1992 para decirle que se iba a Londres para no verla más.
"Yo no quiero ese dinero. Mi madre me dio siempre problemas cuando estaba viva y me los sigue dando ahora que está muerta", ha declarado el desavorío. Su madre le nombró heredero único y dejó claro que no quería que su dinero fuera a parar a sus hermanas que, precisamente tras 15 años sin noticias de su sobrino, reclamaron la herencia.