
• Aún así el jugador opta al Premio Príncipe de Asturias
Zinedine Zidane perdió algo más que la cabeza al golpear al italiano Materazzi en la final del Mundial de Alemania. Zinedine perdió la oportunidad de redimir su juego de las últimas campañas en la casa blanca y pasar a la historia como un ejemplo de futboista, como un modelo a seguir. Algo así le pasó -aunque en mayor grado, es cierto- a Maradona por su adicción a las drogas.
Los niños deberán de fijarse en otros futbolistas para saber cómo deben comportarse dentro (y fuera) de cualquier terreno de juego. El jugador ha decidido posponer, por el momento, la propuesta del Madrid de ser embajador del club de la capital. El propio Ramón Calderón confirmó la decisión del galo de tomarse un año de descanso.
No obstante, por esas extrañas circunstancias del deporte, la FIFA designó a Zidane como el mejor jugador del Mundial. La pregunta es: ¿tiene un astro del futbol carta blanca para dar rienda suelta a sus prontos violentos? ¿Qué hubiera pasado si lo que hizo Zidane lo hubiese hecho cualquier otro? Stoichkov, por ejemplo. Seguro que la FIFA se lo habría planteado dos veces otorgar semejante reconocimiento a un jugador como Makelele, por poner otro ejemplo. Pero no, Zidane, un jugador que ha sido expulsado 12 veces en su vida futbolística (muchas por entradas similares a esta última) es además, ahora, uno de los candidatos al Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, que debe fallarse el próximo 6 de septiembre.
Es más, en todo este sucio asunto del cabezazo del francés a Materazzi, se habla más de lo que pudo decirle el defensa italiano que no de lo que nunca debió de hacer Zinedine Zidane. Materazzi reconoció que insultó a Zidane. No es ninguna novedad. Ocurre entre jugadores cada día en miles de terrenos de juego, es caldo habitual. Cierto que es una actitud nada edificante pero, reconozcámoslo, es habitual. Lo que es más raro de ver son agresiones alevosas como la que protagonizó el astro francés en su último partido. Pero que además se le premie con el reconocimiento y los laureles de la gloria es, sencillamente, inaudito. Vaya, en definitiva, el mundo al revés.