Un estudio científico realizado entre especies de murciélagos muestra que los ejemplares con los testículos más grandes tienen el cerebro más pequeño, según la revista Proceedings of the Royal Society B: Biological Letters. La investigación argumenta que los machos no pueden desarrollar proporcionalmente ambos órganos porque ello requeriría demasiada energía. El desarrollo de los testículos va pues en detrimento de la masa cerebral.
En muchas especies las hembras son muy promiscuas, por lo que la selección natural ha obligado a los machos a desarrollar testículos enormes para atraerlas. En especies cuyas hembras son muy promiscuas, los machos con los mayores testículos y el menor cerebro son los que más probabilidades tienen de atraer su atención.
Los cerebros más diminutos se detectaron en las especies de murciélago cuyas hembras se aparean con promiscuidad y dentro de un sistema en el que viven grupos con el mayor número de copulaciones. Los científicos constatan que en especies monógamas los machos tienen los cerebros relativamente grandes.