El rey Msuati III, el último monarca absoluto del África subsahariana, debe acudir a la ceremonia anual Baile de la Caña, que se ha usado desde 1999 para elegir a las nuevas novias entre miles de bailarinas vestidas con poco más que con adornos, además de las tradicionales faldas.
Vestidas con faldas cortas adornadas con cuentas y coloridas bufandas y llevando machetes, las chicas cantan tributos al rey mientras marchan alrededor del estadio real flanqueadas por supervisores varones vestidos con taparrabos de piel de animal.
Msuati ha desatado la controversia por su lujoso estilo de vida mientras que dos tercios de sus súbditos viven en la mayor miseria. Dicen que es un mal ejemplo por fomentar la poligamia y el sexo adolescente en un país donde el 40% de los adultos tiene SIDA.
Y algunos dicen que el Baile de la Caña, que tradicionalmente se realizaba para celebrar la feminidad y la virginidad, se ha convertido en poco más que un escaparate para las jóvenes esposas en potencia del rey.
Pero muchos suazis dicen que el joven monarca tiene derecho de hacer lo que quiera, defendiendo su gusto por las jóvenes novias como tradición suazi y alegando que las ceremonias como el Baile de la Caña, que este año ha congregado a una cifra record de 50.000 doncellas, cimentan la identidad nacional.