Un investigación concluyó que las mujeres chismosas, los vecinos cotillas y los compañeros metomentodo tienen mejor salud que el resto de los mortales. Científicos de las universidades de Wisconsin y Nueva York aseguraron que adoptar la actitud de cotilla es saludable y constituye la fórmula perfecta para no amargarse.
El estudio además reveló que ellos suelen chismorrear mucho más que ellas, ya que son más egocéntricos y prefieren hablar en dos tercios de sus charlas de ellos mismos. Las mujeres, en cambio, sólo lo hacen en un tercio de las veces que chismorrean con otros.
Kevin Kniffin, antropólogo a cargo del estudio, explicó que los chismosos ponen en funcionamiento un proceso de comunicación parecido al de los macacos cuando se rascan o buscan piojos entre ellos. "Existe una tendencia a denigrar la habladuría como algo negativo. Por el contrario, el chisme es mucho más sofisticado de lo que se cree", declaró.