Un inglés de 72 años ha sido condenado a un día de cárcel por mear los árboles de su vecino para impedir que crecieran y le taparan la vista. David Jollands, residente en Caythorpe, en el condado de Lincolnshire, no quería que los cipreses de Lincoln alcanzaran su máxima altura, que puede llegar a 25 metros.
El anciano decidió orinar sobre ellos todas las noches, amparado por la oscuridad, lo que hizo que los árboles, en lugar de crecer, comenzaran a perder vigor y a encogerse. Extrañado, el vecino montó guardia y una noche grabó la escena, que ha servido para acusar al hombre ante la Justicia.
Los cipreses de Leyland, conocidos también como Leylandii, son los árboles de más rápido crecimiento en este país y se utilizan tanto para protegerse del viento como para mantener la privacidad. Esos árboles han dado lugar ya a varios centenares de disputas entre vecinos, que han degenerado en costosas batallas legales e incluso en un homicidio