Nur Pashi Kulayev es el único terrorista vivo acusado del secuestro de la escuela de Beslán, en septiembre del 2004, que se saldó con más de 330 muertos. El juicio se celebra estos días. El presunto terrorista culpa a las fuerzas rusas de haber causado la mayor parte de las víctimas mortales. Según él, la cifra de muertos pudo ser menor de no ser por descoordinada operación de rescate.
"Los terroristas colocaron a los niños en las ventanas para que los militares no dispararan -dice una testigo en el juicio-. Los disparos desde afuera no cesaban. Vi a dos chicos caer por los disparos que venían desde la calle". Según ella, los terroristas "pusieron a una mujer que buscaba a su hijo en el marco de una ventana". "Los nuestros también la mataron. Yo diría que la mayor parte de los niños asesinados en el gimnasio fueron asesinados por los nuestros", agrega.
El caso Beslán, ideado por la justicia rusa como un proceso ejemplar contra el terrorismo checheno, se ha vuelto contra el propio Kremlin, que, al igual que en otros casos anteriores, ordenó liberar a los rehenes a sangre y fuego. En la recién estrenada página web pravdabeslana.ru (La verdad sobre Beslán), que ofrece un informe del juicio, Kulayev y varios testigos afirman que las tropas rusas usaron tanques, misiles y lanzallamas para desalojar a los terroristas de la escuela cuando todavía estaba llena de rehenes.
Ahora todos los lanzallamas se han perdido. Según otro testigo, muchos de los rehenes "se daban por muertos de antemano", cuando supieron que los terroristas exigían que el Kremlin iniciara la retirada de tropas de Chechenia.
En octubre del 2002, un comando checheno tomó a 900 rehenes en este teatro y exigió la retirada de las tropas rusas de Chechenia. Murieron 119 rehenes al inhalar un desconocido gas somnífero utilizado por las fuerzas rusas durante el rescate.
Después de la tragedia en la escuela, el presidente ruso, Vladimir Putin, declaró que la sociedad nunca sabrá toda la verdad sobre Beslán porque entra en el apartado de la lucha antiterrorista. Más de 1.200 personas fueron tomadas como rehenes por 32 terroristas armados. La incursión terminó con muchos menores como víctimas.