El Barça Cifec se proclamó ayer campeón de la Liga de Campeones por séptima vez en su historia tras ganar al Ciudad Real 29-27 (28-27, ida). En una final trepidante y con final heroico, el equipo barcelonista obtuvo brillantemente su séptima corona europea, la primera del nuevo ciclo con Xesco Espar en el banquillo. En una temporada de tránsito, el Barça logró acabar con cinco años de sequía en la máxima competición continental y alentar los mejores augurios para un equipo en fase de construcción.
Sin el papel de favorito de otras ocasiones, el Barça salió a ganar al Ciudad Real, tal vez el rival más difícil de pelar de las últimas finales. Y no fue tarea fácil. Como se preveía, el partido se decidió en los últimos instantes del juego y el Ciudad Real vendió cara su derrota.
El Rey entregó la medalla de subcampeón al Ciudad Real y, cuando le tocó el turno a los azulgranas, se le vio disfrutar como nunca. Los conoce como nadie. Ha estado tantas veces con ellos en el vestuario que les tiene un cariño especial. Por eso se abrazó a Xepkin cuando le dio la medalla. Sabe que es uno de los compañeros más queridos por su yerno Iñaki Urdangarín.
Pero el abrazo más sincero fue el que le dio al portero Barrufet, uno de los mejores amigos de un duque de Palma que, acompañado por la infanta Cristina y su hijo Pablo, sufrió de lo lindo en el palco. Fue tan intenso el abrazo con Barrufet que el rey, siempre sonriente, terminó con el traje de color beige empapado en sudor.