La atleta estadounidense Marion Jones, triunfadora en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, podría quedarse sin las cinco medallas que consiguió en la ciudad australiana –tres de oro y dos de bronce– si es hallada culpable de dopaje, cualquiera que sea el momento en que esto ocurra. El presidente de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), el canadiense Dick Pound, invitó a la Agencia Estadounidense Antidopaje (USADA) a que actúe con esta ejemplaridad después de conocerse las declaraciones del propietario de los laboratorios BALCO, en las que implicaba a Jones en prácticas de dopaje.
“Si es culpable, debería ser desposeída de todas sus medallas y suspendida por dos años”, afirmó Pound en Atenas, donde se celebra estos días la cuarta conferencia internacional de ministros de Deportes, organizada por la UNESCO.
El reglamento del Comité Internacional Olímpico (CIO) estipula, sin embargo, que un deportista no puede ser desposeído de sus medallas olímpicas una vez que han transcurrido tres años desde la jornada de clausura del evento, y los Juegos de Sydney se clausuraron el 1 de octubre del 2000.
El presidente del CIO, el belga Jacques Rogge, afirmó recientemente que todavía es pronto para hacer conjeturas sobre una posible retirada de medallas a Marion Jones.
El viernes pasado, Víctor Conte, propietario de los laboratorios BALCO que está acusado de distribución de productos dopantes, aseguró que había proporcionado sustancias prohibidas a varios deportistas de élite, entre ellos a los atletas Marion Jones, Tim Montgomery y Kelli White. Conte suministró sustancias prohibidas a Marion Jones en las semanas previas a la disputa de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, y observó como la atleta americana se inyectaba hormonas del crecimiento. Jones siempre ha negado haber utilizado sustancias ilegales.