El calentamiento en el Ártico se está dando al doble de velocidad que la media global, con implicaciones muy serias para la salud del planeta. Así se pone de manifiesto en un nuevo estudio realizado por un equipo internacional de 300 científicos del Consejo Ártico, que aglutina a los ocho países que tienen territorios en esta parte del globo: Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Federación Rusa, Suecia y Estados Unidos.
Desde la organización ecologista WWF, Jennifer Morgan, directora de la campaña de cambio climático, asegura que «el gran derretimiento ha comenzado» y culpa a los países industrializados de «estar llevando a cabo un experimento incontrolado para estudiar los efectos del cambio climático, siendo el Ártico el ratoncillo de Indias».
El Ártico habrá perdido entre el 50 y 60 por ciento de su extensión de hielo en 2100. Es más, uno de los modelos concluye que a partir de 2070 el Ártico no volverá a tener hielo durante el verano. Así, teniendo en cuenta el escenario medio de estas proyecciones, donde las emisiones de gases de efecto invernadero duplican el nivel preindustrial, el aumento del nivel del mar oscilaría entre los 10 y los 90 centímetros durante este siglo.
La razón hay que buscarla en que la nieve y el hielo actuán de reflectores hacia la atmósfera de entre el 80 y el 90 por ciento de la radiación solar. Cuando esta capa blanca desaparece, gran parte de la radiación solar es absorbida por la tierra o el mar en forma de calor, que provoca la fusión de más cantidad de hielo.
Frente a la fauna que vive en estos territorios -como el oso polar-, que es la principal afectada por este calentamiento, la único beneficiada de esta situación sería la industria del petróleo. Esta apreciación que hace Prestrud se apoya en que el 25 por ciento de las reservas de gas y petróleo se encuentran en el Ártico y, por tanto, la desaparición del hielo favorecería el acceso a ellas.