Informa el diario Sport.
Comenzó mal y ha acabado peor. No fue buena la idea de Joan Laporta de repescar a Valero Rivera cinco meses después de que anunciara su decisión de abandonar el equipo de balonmano y no ha sido buena la decisión de Valero Rivera de plantar a Joan Laporta recién comenzado octubre, cuando la temporada no ha hecho más que comenzar.
Al final fueron las dos pancartas aparecidas el pasado jueves en el Palau –’Valero, al basket; Pesic, al fútbol; Valero dimisión’, decía una de ellas, la única que le aludía directamente– y la veintena de aficionados que mostraron el domingo su disconformidad sacando pañuelos al palco los que han acabado con el proyecto Valero.
Apenas cinco meses después de que se anunciara y acompañado por una crisis permanente que ha mantenido en esos cinco meses a todos en un ridículo primer plano. Magnus Anderson, el entrenador sueco que había fichado Enric Masip para el equipo de balonmano, el propio Masip, Antonio Maceiras, gerente del basket, y Svetislav Pesic han sido víctimas de las discrepancias, que llegaron a la Junta Directiva, en la que Sandro Rosell, Jordi Moix y Josep Maria Bartomeu plantearon su dimisión –o por lo menos lo insinuaron a los medios de comunicación– al discrepar de que a Rivera se le otorgaran plenos poderes. Laporta, el gran valedor del Valero, capeó la crisis y cuando había llegado la estabilidad e incluso los resultados deportivos acompañaban (el basket ha ganado sus cuatro partidos oficiales y el balonmano marcha líder e imbatido en la Liga ASOBAL) llega este espectacular fin del show.
“No puedo aguantar que me piten en el Palau”, repitió ayer durante todo el día Valero Rivera. Y el domingo se encontró solo en el palco del Palau. Sólo con Manolo Flores a su lado. Josep Maria Bartomeu había llamado al gerente una hora antes para anunciarle un compromiso familiar y Joan Laporta estaba en otro acto del club. La particular personalidad de Rivera hizo el resto.