No se trata de una película al más puro estilo de Hollywood, no es una nueva misión humanitaria, para tratar de salvar al mundo, -tan coherente en los Estados Unidos-, sino un hecho que ha ocurrido en nuestra realidad cotidiana.
Tras los grandes éxitos cosechados años atrás por la NASA, en sus exploraciones por Marte, y la sonda enviada a Saturno, la cápsula Génesis ha regresado de su viaje de tres años, por las cercanías del Sol, tratando de recabar información sobre la formación de los planetas y los albores del Sistema Solar.
Todo estaba preparado para recibir la cápsula con los datos: un paracaídas debía reducir la velocidad de entrada en la atmósfera, un helicóptero iría a recogerlo antes de que cayera en el desierto de Utah, y pudieran contaminarse las diversas cajas de diversos materiales preciosos.
Pero todo falla cuando el paracaídas no se abre, -suscitando la risa del público en una sala de cine-, pero dejando a los responsables compuestos, y probablemente sin éxito en la misión.
Y es que ya lo decía Murphy en sus leyes, “si una cosa no puede salir mal, acabará saliendo mal de todas formas”.
Ahora comenzará a cuestionarse, lo que tan sólo unas pocas horas antes, el director de la NASA solicitaba... Reanudar los vuelos de los transbordadores.
-Galatea-