
En muchas ocasiones se habla de la manipulación periodística que existe en España. Hoy, la portada de la Razón exhibe un magnífico ejemplo de manipulación, tendenciosidad, imparcialidad y falta de rigor periodístico.
Se aprecia, desde el mismo titular, que no se trata de informar al lector, sino de aleccionarlo, intimidarlo y dirigirlo aviesamente con un titular de opinión que formula una sentencia:
"LA TREGUA PACTADA POR ETA CON EL SOCIO DEL PSOE AVERGÜENZA A CATALUÑA E INDIGNA A TODA ESPAÑA"
Por activa y pasiva se ha encargado Carod-Rovira de aclarar que jamás hubo ningún tipo de pacto con la banda terrorista. Algunos nunca han hecho caso de este extremo, es más, no les importa redundar en la mentira sino que la alimentan a fuerza de repertirla machaconamente, mientras puedan extraer del bulo lanzado el máximo rédito electoral posible.
A Catalunya no le avergüenza ningún comunicado de ETA, como tampoco avergonzaría a La Rioja, Asturias, o Andalucía, por poner un ejemplo, si fueran estas las comunidades implicadas en cualquier comunicado. Lo que dice ETA avergüenza, ante todo, a los propios terroristas y quien lo secunda. Para los sordos, diremos que se cansaron de repetir hasta la saciedad los representantes del parlamento catalán de que la iniciativa etarra es, sencillamente, repugnante.
La portada de La Razón es delictiva, porque miente e injuria confeccionando un fotomontaje como el que presenta, con un encapuchado armado que da la mano a Carod-Rovira, tras la imagen desenfocada de un cartel de Zapatero. ¿Qué diríamos de una publicación vasca o catalana que hiciese un truco igual poniendo la cara de Aznar en el lugar de la de Carod? Por mucho menos, se abrieron diligencias contra un fotomontaje humorístico (en el que no se veían ningún rostro) que hizo el diario DEIA en referencia al noviazgo entre el príncipe Felipe y Letizia Ortiz.
Hace tiempo que la objetividad, el rigor, la imparcialidad y el periodismo han sido arrinconados en España por el griterío, la mentira, la obscenidad, el chantaje, el oportunismo y el asco.